Cuando pienso en ti, mi alma sube a los cielos por si te viera y mi corazón late con más fuerza. Con esa fuerza que arrastra el viento que me trae de tus sentimientos y de tus tristezas. Esos sentimientos que abrazarlos yo quisiera.
Pero, si no te los dejaras escapar, si yo pudiera atraparlos no se irían sin saber dónde y extraviados estuvieran. Solo se quedarían nada más con el mío para así sentir los dos lo mismo, con ese amor que se prometen y esa tristeza que se consuelan.
Han de venir, sí, esos días de primavera en el que el sol calienta y los amores crezcan.
¿Pero cuando crecerá en nuestro jardín la buena hierba que nos alimenta y la rosa que tiernamente florezca? ¿Cuándo volveré a ver esa mirada tuya que la mía cuando la mira la atraviesa como si fuese un rayo luminoso, que lleva cargada de ese poder ardoroso que de tu alma sale y en la mía se queda? ¿Cuándo volverán las oscuras golondrinas, el poder de un amor que esperando estuviera? ¿Que ha de ser de mí sin él, cómo vivir en la soledad eterna?
¡Qué dicha la mía cuando yo te tenga, que ilusión cuando esa esperanza que me aprieta se haga realidad cuando uno menos lo espera!
La sorpresa estará servida cuando esto suceda. Cuando me coja desprevenido y un síncope puede que me diera. Si el río no corre como antaño corriera, esperaremos a que llueva, sí, esa lluvia que caiga con más fuerza, que perdure en el tiempo y no pase como el ave que vuela y no se detenga.
Pues sí, esa lluvia igual que el amor que un hombre por una mujer sintiera que fuera permanente sin pausa y sin espera a que el amor a esa mujer le llegue porque siempre estará ella a la espera. Y sufrirá como sufre él cuando tarda y ve que no llega, y a veces cuando lo hace llega tarde y mal y ya no hay solución, porque igual que sucede en el campo cuando no llueve el amor también se seca. No hay que dar lugar a que esto suceda y hay que regar los sentimientos ella a él y él a ella.
Sí, yo te quiero amor mío. Te quiero como nadie te quisiera, como nadie te ha de querer y como nadie te haya querido, por mucho que lo hiciera. Por eso el amor cuando nace es difícil que se vaya, es complicado quitarle ese cariño que por la otra parte tuviera. Es tan poderoso que quisiera yo saber por qué nace de esta manera. Pero en otras me olvido de ello y sueño con esa dicha que a mi viniera, sin saber por qué ni el saberlo falta que hiciera.
¿Para qué mirar al pasado, al mío y al de ella? Vivimos en el presente que es el que vale y más importa en los dos y es el que tiene fuerza y amamanta sin lugar a que tengan que venir otros poderes, otros recuerdos y otras extrañezas de la índole que fuera.
Mandan los sentimientos que cuando aparecen y reaparecen hacía el ser querido vuela y vuela y sin dilación ni pedir permiso en el corazón del otro se queda y entre los dos hacen una simbiosis para entrelazarse con más fuerza.
Qué tristeza siente mi corazón cuando te llama y no vienes para que con el mío reencontrarse con más fuerza que la última vez que se vieran. Y no hace tanto tiempo que esto sucediera. Lo que ocurre es que nuestro amor vive con tanta intensidad que el tiempo parece que se para y otras parece que vuela.
A veces se hace incomprensible porque galopa con tanta fuerza que es como si toda la vida hubiesen estado unidos y media vida pasaran los dos y sin darnos cuenta de ese tiempo que transcurriera.
Y me pongo a pensar y sentir lo que en otro tiempo haya querido tener sin tan siquiera saber a ciencia cierta qué era lo que mi corazón quería que fuera. Si, todo sigue siendo un misterio como es la vida entera. Un misterio que saberlo quisiera, pero quizás sea mejor que tampoco se sepa y se quede ahí en el limbo para que, de esa manera, nuestros sueños sigan ofreciéndonos dicha y felicidad, esa que nos hace vivir este amor que muchos lo quisieran.
Y termino esta carta porque la madrugada se echa encima y el sueño aparece sin darse uno cuenta. Espero que estas cuatro líneas en las que he vertido mi corazón te sirvan de alegría y felicidad eterna. Con tal motivo las escribo para llenar un poquito tú corazón que el mío te envía para llevártelo como entrega, para que sigas guardando estas letras de este que te quiere tanto y que por ti muere de amor porque desea contigo pasar toda la vida entera.
Son escritos de unos sentimientos que surgen por ese amor que siento por ti, por ese mutuo amor que los dos nos tenemos y que tú, mujer hermosa y divina, eres la que me inspiras en cada palabra que vierto y el viento te lleva.
Esas palabras llenas con esa pureza de amor que tú me imantas a través de esa sabia tuya que todo lo convierte en admirables secuencias de sueños y de felicidad que uno siempre espera. Sin saber y sin buscarlo apareciste tú, la dueña que me invita a seguirte hasta donde quieras, hasta la muerte si falta hiciera.
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