Nació Ángel Aparicio Sánchez en Jaraíz de la Vera (Extremadura) hace algo más de medio siglo y ese paisaje suyo natal impregnó su espíritu de frescura de sierra y vergeles siempre vírgenes.
Este poeta extremeño, infatigable cantor de su tierra, ha paseado Extremadura por los innumerables estrados que han recibido sus recitales. Extremadura en su voz aparece siempre en distintos registros, en diferentes tonos, pero inexorables. Unas veces es pasaje puro, otras se llena de figuras, más siempre está presente.
Es la suya una poesía clave, de tranquilas sonoridades que amansan el animo. En ellas se mezclan el amor -sereno, normalmente- y el paraje, en binomio uniforme, con constantes símbolos comunes: cimas, veneros, serrijones, jarales en flor...
El lirismo de Ángel Aparicio resbala desde su intimidad considerándose con lo que lo rodea. Así, sus versos se llenan de referencias a la tierra, al mar, a la infancia -Ángel, es maestro de escuela, de vocación profunda-, a la música.... Pero todos estos elementos están plenos de vitalidad, de finura, de transparencias,. Con asiduidad, los poemas se le velan de añoranzas por lo perdido: desde la emigración la nostalgia consume por dentro y aflora en la palabra. La palabra se convierte entonces en vehículo de unión con lo lejano. Y el poeta se funde con lo que añora por medio de sus versos.
Un viaje por Oriente emprendido para huir del vacío del verano es el primer eslabón de una serie de acontecimientos que van tejiendo una red alrededor de Aurora, la mujer que narra, quizá para ir construyendo ella también una red sobre la realidad. A pesar de no ser una persona de acción, se deja arrastrar por los hechos de manera voluntaria. La aventura irrumpe, estalla, se aleja. Y vuelve, porque todo vuelve, prolongándose indefinidamente, cuando se sabe esperar, buscar, reconocerlo.
El olor de las remotas y cálidas noches indias ha quedado lejos, el amor ha cobrado formas muy distintas, y todas se han desvanecido, pero Aurora, asomada a la calle oscura, en mitad de otro verano, lanza la mirada a su alrededor en busca de ese interlocutor que, al escucharnos, cambia nuestra vida.
El misterio no puede desentrañarse del todo, el azar nos da nuevas claves cada día y, dentro de la melancolía que producen las pérdidas, está, aún vivo, el deseo, el enigma de las vidas ajenas y el papel que unos y otros juegan en la vida, toda la gama de interpretaciones que cada uno es capaz de hacer, de soñar, de crear.
Madrid, 2001
Ed. Bibliotex (Diario El Mundo)
159 páginas
Prólogo: Daniel Fernández
Colección: "Las 100 mejores novelas en castellano del siglo XX", nº 103.
Tapa dura con sobrecubierta
12.5x21 cms.
La autora:
Soledad Puértolas Villanueva nació en Zaragoza, el 3 de febrero de 1947.
Es una escritora española licenciada en periodismo y Máster en Lengua Española y Portuguesa por la Universidad de California.1 Desde 2010 es académica de la Real Academia Española.
Con voces de cálido mensaje, ha llevado su poesía por foros culturales de la emigración extremeña´
A pesar de su juventud -Eva sólo cuenta 19 años- su madurez y su riqueza expresiva han calado en el público receptor de sus versos.
Sus temas el amor-desamor, el desamparo, la soledad, la falta de solidaridad- son, como no, los propios de la adolescencia, sólo que muy originalmente tratados. Eva busca su personalidad a través de la palabra, con imágenes de gran belleza, con símbolos literarios -la perla, la luna, la circonita...-que dan a sus versos la frescura de su juventud.
Con el tiempo, vendrán otros temas a enriquecer (?) a la poetisa. Otros símbolos formarán parte de su lenguaje y de su alma. La técnica se depurará: nuevos metros, nuevos recursos, nuevo estilo probablemente...
Pero esta muchacha que hoy da sus primeros versos a la imprenta ofrece en ellos la hondura de su espíritu, su juventud encendida y lo más esencial y espontáneo de su palabra.
Eva desnuda su alma en sus versos y el lector siente que en ellos palpita la vida. Porque hay vida en en la emoción y en la verdad que hay que nos muestra la poesía más pura, aquélla que nos llega directamente al corazón. La que despierta en nosotros los sentimientos más nobles o las vibraciones más íntimas. La más auténtica poesía como la que hace Eva Morillo.
Cortejo del Caballero de la Mesa Cuadrada a sus damas: (III)
(Romance)
El Caballero de la Mesa Cuadrada
tras declararle al amor a la Dama Cautiva,
elige a tres bellas doncellas como sus damas.
y convoca a la toda la plebe
a una fiesta en honor de su compromiso.
Cada una lleva lindos vestidos que deslumbran como luces son sus ojos que brillan con luz propia
y sus cabellos con destellos como brillantinas, dibujando doradas filigranas. Y todas sin igual dibujan una sonrisa, todas han de llevar su cometido,
Es como un Relicario tras el cual todas pasaron, sumisas y con devoción. Son tres damas de damas preciosas que la vida misma las ha creado, todas llevan ese resplandor de damas, de bellísimas princesas guapas y hermosas, todas con ese encanto que irradian.
dos damas novicias tan hermosas como ellas
detrás de ellas les acompañaban.
Y sus pechos refulgen con gran valor con ánimo y desenfado van todas, con esas preciosas perlas que resaltan. Delante camina la princesa, la Dama Cautiva
que destella sobre las otras tres damas, por su diferencia, en altivez y encanto.
El público se alza en sus asientos en delirios
de ese fastuoso desfile de altas princesas.
y un ¡oooh! surge de sus gargantas
en un estertor de bella estampa que deleita.
Todos aplauden cuando pasan y el espacio del tiempo brillando queda.
deteniéndose el tiempo en ese murmullo
que vanagloria a la plebe ensimismada.
Las corteja el Caballero de la Mesa Cuadrada pero ellas parecen ausentes de esta y van dóciles,
sumisas, sus manos entrelazadas por delante y el guerrero se le nota retraído y cabizbajo
y va de suspiro en suspiro como embriagado.
Todos le aclaman sin distinción por la gallardía y el buen porte. El Caballero de la Mesa Cuadrada sumiso ante las damas va caminando con ensoñaciones y los ojos entornados y no osa mirar a ninguna de las cuatro, por ese pudor y honor hacía ellas guardado.
Las tres damas estaban en cautiverio allá por varios condados del reino moro
y que el Caballero con su ardor ha liberado, pero la princesa ha querido llamarlas para compartir la dicha con su amado.
Son sumisas, son gallardas, son altivas
son tres bellas damas de mucha confianza.
todas ellas esperando un buen caballero
guerreros valientes que la realeza les guardan.
Se las disputan, caballeros de alta estirpe
de los de la Mesa Redonda
y otros de los de la Mesa Cuadrada.
¿Quién será ese Caballero afortunado?
se preguntan todas ellas tan enamoradas del caballero
Si ha de ser este guerrero el pretendiente tiene que aceptar las reglas del juego que rigen dentro del reino al que ha llegado,
Integrante de la trilogía «La lucha por la vida» –ciclo que, pese a narrar de forma unitaria la adolescencia y juventud de su protagonista en el Madrid hormigueante del tránsito entre los siglos XIX y XX, admite sin problema la lectura independiente de cada una de sus partes–, Aurora roja es la última novela de la serie.
En ella, Pío Baroja retrata el ámbito urbano de los obreros y pequeños artesanos, así como los brotes de un anarquismo modesto y utópico, además de dar fin a las peripecias de Manuel Alcázar y otros personajes relatadas en «La busca» y «Mala hierba» . La presente edición viene precedida de un esclarecedor prólogo a cargo de Ricardo Senabre.
Madrid, 2001
Ed. Bibliotex (Diario El Mundo)
223 páginas
Prólogo: Ricardo Senabre
Colección: "Las 100 mejores novelas en castellano del siglo XX", nº 60.
Tapa dura con sobrecubierta
12.5x21 cms.
El autor:
Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián, el 28 de diciembre de 1872 y falleció en Madrid, el 30 de octubre de 1956.
Fue un escritor español de la generación del 98. Baroja, que se doctoró en medicina, terminó abandonando dicha profesión en favor de la literatura, actividad en la que cultivó la novela y, en mucha menor medida, el teatro.